La ausencia de adultos y el silencio en las aulas: señales que no debemos ignorar.
Foto: Culturizar Medios
En estos días, distintos episodios en nuestro país volvieron a sacudirnos. Situaciones ocurridas en escuelas, con adolescentes como protagonistas, nos enfrentan a una realidad que duele, pero que no debería sorprendernos tanto.
Por: Lic. Yanina Cossime
No porque sea normal. Sino porque, en muchos casos, fue anunciada.
La violencia en la adolescencia no surge de un momento a otro. No aparece de manera aislada ni espontánea. Es, con frecuencia, la consecuencia de múltiples factores que se van acumulando: vínculos frágiles, ausencia de adultos, contextos complejos y señales que no fueron leídas a tiempo.
Y ahí es donde necesitamos detenernos.
Los adultos frente a lo que les pasa a los chicos
Porque más allá del impacto de cada caso, lo que realmente interpela es otra cosa: ¿qué lugar estamos ocupando los adultos frente a lo que les pasa a los chicos?
Hay ciertas frases que siguen circulando con una ligereza preocupante: “no es para tanto”, “son cosas de chicos”, “siempre pasó”. Sin embargo, no todo es lo mismo. No todo se puede minimizar. Cuando la agresión se vuelve reiterada, cuando la humillación se instala o cuando la violencia empieza a formar parte de lo cotidiano, ya no estamos frente a un simple conflicto.
Estamos frente a algo que necesita ser mirado.
Y muchas veces, no lo hacemos.
No siempre el que más sufre es el que más se manifiesta. Hay chicos que no generan problemas, que no incomodan, que pasan desapercibidos. Y justamente por eso, quedan fuera del radar.
Pero el silencio también comunica.
Se expresa en el aislamiento, en el exceso de tiempo frente a pantallas, en conductas que pueden parecer menores, pero que en realidad están hablando de un malestar profundo.
Entonces, la pregunta no es solo qué pasó. La pregunta es cuánto hacía que algo estaba pasando.
El mundo adulto tiene una responsabilidad ineludible
No se trata de buscar culpables ni de simplificar situaciones complejas. Pero sí de asumir que el mundo adulto tiene una responsabilidad ineludible. No alcanza con intervenir cuando todo ya ocurrió. No alcanza con reaccionar frente a la urgencia.
Necesitamos volver a estar.
- Estar atentos.
- Estar disponibles.
- Estar presentes.
Porque los chicos crecen, pero no dejan de necesitar guía, contención y límites claros.
Quizás no podamos evitar todas las situaciones ni cambiar todas las historias. Pero sí podemos cambiar nuestra manera de estar en ellas.
El desafío es este:
- Aprender a mirar.
- Escuchar de verdad.
- No minimizar.
- Acompañar.
Porque para un chico, a veces, un adulto presente puede hacer toda la diferencia.
A veces solo se trata de estar presentes.
Sobre la autora:
Yanina Cossime es esposa, madre. Lic. en Orientación Familiar, profesora, operadora socio comunitaria y cuenta con diplomaturas en Prevención y Tratamiento de la Violencia, en Educación Sexual y en Primera Infancia y Familia. Actualmente cursa una Maestría en Intervención en Poblaciones Vulnerables. Escribió el libro Bullying: entender, prevenir y restaurar. Es columnista en diferentes medios. Fundadora y referente de Padres de Pie.
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