No es solo lo que hacen los adolescentes. Es lo que están necesitando… y no siempre encuentran: presencia real, vínculo y alguien que esté de verdad.
Por: Lic. Yanina Cossime
¿Qué les está pasando a nuestros adolescentes?
Es una pregunta que hoy recorre a toda la sociedad. Y aunque muchas veces busquemos respuestas en las redes sociales, en las comunidades virtuales o en las influencias externas, hay algo más profundo que no podemos dejar de ver.
Todos somos vulnerables. Pero los adolescentes lo son aún más, por la etapa que atraviesan. Y en ese contexto, la diferencia no la marcan solo los estímulos que reciben, sino las redes de contención que tienen.
La familia, sobre todas las cosas.
Hoy vemos chicos con dificultades, con consumos problemáticos, con violencia. Pero detrás de eso, muchas veces hay algo más silencioso: la falta de contención, de límites, de presencia real.
A los chicos les está faltando de todo.
- Les falta cariño.
- Les falta una mirada.
- Les falta alguien que les pregunte cómo están.
- Les falta sentirse parte.
Porque un chico que se siente amado, contenido, aceptado —aun cuando se le pongan límites— no va a querer destruir eso que lo sostiene.
Pero cuando eso falta, aparece la desesperación.
El ser humano necesita de un otro. Y en la adolescencia, ese otro es fundamental. Cuando no está, o no alcanza, aparece el vacío. Y en ese vacío, muchas veces surge la necesidad de destruir: no solo querer lo que el otro tiene, sino querer que el otro no lo tenga.
Frente a esto, es fácil buscar explicaciones afuera. Culpar a internet, a las redes, a lo que está “de moda”.
Pero no alcanza.
Podemos prohibir, limitar, controlar. Pero no podemos reemplazar el vínculo.
Los chicos están desesperados por alguien que los mire a la cara. Por alguien que esté presente de verdad. Por alguien que escuche, que abrace, que ponga límites y sostenga.
Y acá aparece una verdad incómoda: los adultos también estamos a la deriva.
Los cambios culturales nos hicieron dudar de nuestro rol. Nos hicieron creer que no somos necesarios. Y en esa duda, muchas veces dejamos de ocupar el lugar que nos corresponde.
Intentamos darles lo mejor en lo material. Pero ellos nos necesitan a nosotros.
Porque el tiempo es vida. Y a lo que le damos valor, le dedicamos tiempo.
Tal vez hoy no se trate solo de preguntarnos qué les pasa a los adolescentes.
Tal vez la pregunta sea otra: ¿cuánta presencia real les estamos dando?
** Esta columna surge a partir del caso ocurrido en San Cristóbal, donde un adolescente atacó a sus compañeros en una escuela. Las investigaciones oficiales señalaron su vinculación con comunidades virtuales que promueven la violencia extrema. Declaraciones oficiales: https://www.argentina.gob.ar/noticias
Sobre la autora
Yanina Cossime es esposa, madre, Lic. en Orientación Familiar, profesora y operadora socio comunitaria. Cuenta con diplomaturas en Prevención y Tratamiento de la Violencia, Educación Sexual y Primera Infancia. Actualmente cursa una Maestría en Intervención en Poblaciones Vulnerables. Autora del libro Bullying: entender, prevenir y restaurar. Es fundadora de Padres de Pie y columnista en diferentes medios.