Corregir para hacer crecer, no para castigar ⎪ Lic. Yanina Cossime

Yanina Cossime | Disciplina sin violencia: Un acto de amor y cuidado para el niño

Columna de Yanina Cossime: Corregir para hacer crecer, no para castigar.

Para crecer, madurar, lograr una habilidad o convivir en sociedad necesitamos ser enseñados y corregidos. Pero ¿qué nos pasa cuando escuchamos la palabra “disciplina”? Molesta, incomoda y genera polémicas. Pero el problema no radica en la palabra en sí, sino por todo lo que hay detrás. Porque cuando decimos “disciplinar”, muchas veces lo primero que aparece no es la idea de enseñar, sino la de castigar, de hacer daño. Y ahí es donde necesitamos detenernos.

Por: Lic. Yanina Cossime


Disciplinar no es castigar. 

Disciplinar es corregir el error con la intención de ayudar al otro a ser mejor, a crecer.

El problema no está en la disciplina, sino en cómo la ejercemos. Y en ese punto, solemos movernos entre dos extremos que, lejos de ayudar, terminan dañando: la violencia o la ausencia.

Por un lado, prácticas que siguen estando naturalizadas: gritos, golpes, palabras hirientes, silencios que castigan. Formas de violencia que no educan, pero sí dejan marcas. Porque no todo lo que corrige, cuida. Y el silencio sostenido, usado como castigo, también hiere. No construye, rompe el vínculo. Más doloroso aún, rompe el corazón del niño que se siente ignorado, atrapado en la necesidad de ser aceptado, pagando el precio de doblegarse. Eso no es corregir, eso es manipular.

Pero del otro lado del péndulo aparece algo que muchas veces se disfraza de respeto: no hacer nada. Y eso tampoco es crianza respetuosa. Es negligencia, es abandono.

A veces se intenta fundamentar la violencia en la conducta del niño. Pero un niño no puede autorregularse solo. No tiene los recursos ni la madurez necesarias para hacerlo. Necesita de un adulto que esté, que sostenga, que acompañe y que enseñe. Comprender su conducta no significa validarla. Significa intervenir de la manera correcta. Y esa manera nunca incluye el castigo.

No hacer nada tampoco es crianza respetuosa. Es negligencia, es abandono.


Disciplinar sin violencia no es apartarse. Es hacerse cargo.

Es poder decir que no sin dañar. Es contener sin desbordarse. Es sostener el límite aun cuando incomoda. Porque educar también implica frustrar, y eso no es violencia. La violencia está en el modo en que se corrige, no en el límite.

Hay algo más que no podemos seguir ignorando: maltratar a un niño es un delito. Y callar frente a eso, también.

La violencia, aun la que no deja marcas visibles, tiene consecuencias. Muchas veces escuchamos frases que intentan justificar lo injustificable: “a mí me criaron así y estoy bien”. Pero cuando uno se detiene a mirar, las heridas —muchas veces aún abiertas— aparecen.

Debe quedar claro: la violencia no educa. La violencia destruye, se reproduce y escala. Y sobran ejemplos dolorosos que lo confirman.

Por eso, como adultos, necesitamos revisar no solo cómo disciplinamos, sino también qué hacemos cuando vemos que otro ejerce violencia, lastima o hiere con la excusa de corregir. No intervenir no nos deja afuera, nos vuelve parte.

No estoy hablando de decirle a los demás cómo deben educar a sus hijos. Estoy hablando de detener la violencia. Porque nunca está justificada, y mucho menos cuando se ejerce contra un niño o adolescente, que no puede defenderse.


Quizás sea momento de dejar de repetir el “no te metas” y empezar a involucrarnos. 

Salir de nuestra propia comodidad y preguntarnos: ¿qué me gustaría que hicieran los demás conmigo si yo estuviera en ese lugar? Solo así pasamos de la pasividad cómplice a una acción responsable.

Disciplinar sin violencia no es solo una forma de criar. Es una forma de estar. Es presencia, es responsabilidad y, sobre todo, es cuidado.

Disciplinar sin violencia es, profundamente, un acto de amor.

 


Sobre la autora: 
Yanina Cossime es esposa, madre. Lic. en Orientación Familiar, profesora, operadora socio comunitaria y cuenta con diplomaturas en Prevención y Tratamiento de la Violencia, en Educación Sexual y en Primera Infancia y Familia. Actualmente cursa una Maestría en Intervención en Poblaciones Vulnerables. Escribió el libro Bullying: entender, prevenir y restaurar. Es columnista en diferentes medios. Fundadora y referente de Padres de Pie.

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Tags: Violencia ⎪ Educación ⎪ Padres ⎪ Familia ⎪ Corrección.
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Carlos Samuel Mansilla

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