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Obediencia, la virtud que señala un camino seguro para los niños ⎪ CULTURIZAR MEDIOS

Cuando te enfrentas a una situación desconocida, ¿qué sueles hacer? Es común pedir ayuda a quienes han pasado por esa misma situación o incluso a un experto en el tema, ¿no? Si hay algún dolor diferente en el cuerpo, por ejemplo, buscamos un médico. Si sufrimos por un amor no correspondido, pedimos consejo a un amigo que ha pasado por lo mismo, y así sucesivamente.   

Esta es más o menos la dinámica de la virtud de la obediencia. El niño es una persona que se encuentra recién en el inicio de su proceso de desarrollo humano, por lo que aún no ha aprendido lo que es bueno y malo, correcto e incorrecto, justo e injusto. Todo esto aún es desconocido para el. Por lo tanto, es a través de las pautas y reglas establecidas por los padres que el niño comienza a transitar un camino hacia el bien y la felicidad.

Fuente: Sempre Familia*

Guías 

Lelia Cristina de Melo, psicóloga clínica y consejera familiar, especialista en neuropsicología, educación y desarrollo familiar y personal, explica que cuando los niños se quedan "solos" en este camino, su tendencia será a tomar decisiones inmaduras e imprudentes, impulsadas únicamente por los deseos. Por lo tanto, es el papel de los padres y educadores ser sus guías.  

“La obediencia debe ser fuertemente estimulada por padres y maestros porque toda la vida de un ciudadano tiene reglas básicas, reglas que sustentan una vida organizada, una vida jerárquica”, orienta la psicóloga. “Los niños que no obedecen no aprenden a vencer, a superarse, a esperar, a considerar lo que dice el otro y esto será muy peligroso en la juventud”.


Cuando empezar 

Según la especialista, es importante que los padres empiecen a fomentar esta virtud en sus hijos desde una edad muy temprana, alrededor del año y medio. A esta edad, aunque el niño aún no comprenda lo que hace, obedece para complacer a sus padres. “En las familias saludables los niños ven que en la interacción entre ellos hay mucho cariño, que los padres muestran amor, entonces están seguros de que lo que dicen los padres es protegerlos y se adhieren a sus padres como guías”.  

En esta etapa, las pautas deben ser las más sencillas, como pedirle al niño que coloque algo en su lugar, que le preste el juguete al amiguito, que se siente correctamente, etc. A medida que el niño crece, los padres deben aumentar los comandos.  

Con los años, los niños comienzan a comprender por sí mismos las pérdidas y ganancias de ejercer la obediencia. Por ejemplo, si la madre le había pedido a su hijo que estudiara y él no obedecía, el resultado era una nota baja, es decir, algo malo. Ya, si fue obediente y estudió, su recompensa será disfrutar temprano de las vacaciones.


Autoridad x autoritarismo 

Sin embargo, para que el ejercicio de esta virtud se produzca de forma sana, es imprescindible que los padres no sean, en modo alguno, duros, opresores, autoritarios y meramente disciplinarios. “Deben llevar a sus hijos a obedecer por amor a la causa, por cariño a sus propios padres y porque creen que los padres aconsejan bien, porque aman. Nunca deben obedecer por miedo porque esto puede incluso causar revuelta en el futuro”, advierte Lelia.  

El autoritarismo toma el lugar de la autoridad dentro de un hogar cuando los padres están inseguros y quieren ser vencidos por la fuerza, creando una verdadera guerra de poder. Cuando esto sucede, “la obediencia será sólo puntual, por miedo al castigo y no forma la conciencia del niño”, explica. “La buena obediencia es la que el niño obedece y sabe por qué”.  

Para que esto suceda, es necesario que los padres estén muy convencidos de sus valores, que demuestren certeza, fortaleza y seguridad en lo que creen. Además, siempre debe hacerlo de forma respetuosa, nunca enojada o frágil. “El mejor ejercicio de la autoridad es moverse entre el cariño y la exigencia, pues uno iguala al otro”, dice. “Autoridad es responsabilidad y amor”.


En el momento de la desobediencia 

Todo este proceso educativo del niño requiere esfuerzo y repetición. Según la psicóloga, los padres no pueden esperar que su hijo obedezca solo porque se lo han explicado una o dos veces. “El niño va a recaer, es normal, es parte del proceso educativo desobedecer varias veces hasta que empieza a obedecer”, observa Lelia, recordando además que cuando el niño tiene menos de 3 años y no hace lo que se le pide, no caracteriza la desobediencia, pero el A partir de los 3 años, sí. 

En estos momentos, los padres deben llamar la atención del niño, hablar y volver a explicar por qué es importante ese orden. Según la situación, será necesario aplicar alguna consecuencia prevista, que debe ser clara para el niño desde el momento en que escucha una determinada orientación y siempre relacionada con el acto. Por ejemplo, si le pides a tu hijo que no maldiga a su amigo y lo hace, la consecuencia esperada puede ser disculparse y hacer algún acto de amor hacia ese amigo.  


En cuanto a las consecuencias previstas, Lelia también aconseja a los padres:

  • • No debe ser el primero, ni el único método de disciplina. No debe humillar o descalificar al niño.  
  • • Siempre explique la razón de la consecuencia. Debe servir para aprender, no para causar dolor.  
  • • Nunca decaiga de la consecuencia previamente establecida, desmantela el plan educativo, deseduca.  
  • • Intenta con todas tus fuerzas controlar tus emociones destructivas. No educan y lastiman al niño. 
  • • El niño debe darse cuenta de la magnitud del error. Es diferente maldecir como un tonto, por ejemplo, que decir una maldición grave o una ironía ofensiva.  
  • • Una consecuencia debe tener fecha de caducidad: nunca prolongarse. Y los padres no deberían tardar mucho en volver a crear un entorno feliz y de confianza. 



*Fuente: Gazeta Do Povo-Sempre Familia
Por Loreno Lafraya, consultora educativa. Abril 2022.

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