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Cuando la empatía entra al aula ⎪ Lic. Yanina Cossime

  

Cuando la empatía entra al aula cambia la escuela y también la convivencia

Por: Lic. Yanina Cossime*


La noticia de que en algunos países la empatía forma parte del currículo escolar obligatorio vuelve a poner sobre la mesa una pregunta incómoda pero necesaria: ¿qué entendemos por educación cuando dejamos afuera la dimensión emocional de los educandos?

Hace tiempo que distintas experiencias internacionales muestran que enseñar empatía no es una moda ni un complemento, sino una decisión estructural (por ejemplo, Dinamarca tiene programas de educación de la empatía en el programa escolar desde 1993 para los niños de 6 a 16 años). Cuando desde la infancia se aprende a reconocer la propia vulnerabilidad y la del otro, la forma de vincularnos cambia.

Debemos tener en claro que empatizar no significa sentir exactamente lo mismo que el otro siente frente a una circunstancia. Empatizar es ponerse en el lugar del otro para intentar comprender sus emociones, sentimientos y perspectivas. No significa “sentir lo mismo”, porque frente a una misma situación, cada persona siente y puede reaccionar de manera diferente: algunos se enojan, otros se entristecen, otros se paralizan. Esta comprensión básica transforma la convivencia cotidiana.

La educación emocional también es una herramienta clave para prevenir la violencia en sus diferentes formas, entre ellas, el acoso escolar. 

Esta mirada tiene un impacto directo en la vida escolar, familiar, social y laboral. Cuando se deja de lado la competencia permanente y se fomenta la cooperación, los conflictos no desaparecen, pero sí se gestionan de otra manera. Las personas no viven en estado de crisis constante y pueden desempeñarse mejor en sus distintos roles.

La educación emocional también es una herramienta clave para prevenir la violencia en sus diferentes formas, entre ellas, el acoso escolar. El bullying no es solo un vínculo entre agresor y víctima: existe un grupo observador que cumple un rol central. Cuando hay empatía, ese grupo no refuerza la agresión. No filma, no se ríe, no viraliza. Por el contrario, activa límites y busca la ayuda de los adultos.

El problema aparece cuando la violencia se consume de manera pasiva. Registrar una agresión, compartirla y naturalizarla profundiza la humillación, cronifica la violencia y la multiplica. El “otro” deja de ser persona y pasa a ser contenido. Así es como nos vamos deshumanizando, perdiendo nuestra esencia.

Educar en empatía no es criar personas frágiles ni evitar frustraciones. Es formar personas capaces de tomar decisiones sin quedar atrapadas en sus emociones. Personas que puedan convivir, cuidar y responsabilizarse por lo que sienten y por lo que hacen.

Tal vez el verdadero debate educativo no sea cuánto saben nuestros chicos, sino cómo aprenden a convivir con otros. La empatía, cuando se enseña, deja de ser discurso y se vuelve práctica social.



* Yanina Cossime es esposa, madre, Lic. en Orientación Familiar, 
profesora, maestrando en Intervención en Poblaciones Vulnerables, profesora, operadora socio comunitaria, diplomada en prevención y tratamiento de la violencia y en educación sexual.

📩 yaninacossime@gmail.com 
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