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Obesidad: Cuando la comida intenta llenar lo que falta ⎪ Lic. Yanina Cossime

Una familia compartiendo tiempo de calidad y conversación alrededor de la mesa, simbolizando el cuidado y la presencia
  

En los últimos años empezó a aparecer un dato que resulta inquietante cuando miramos lo que está pasando con los chicos y los adolescentes. Mientras en algunas regiones del mundo siguen existiendo graves problemas de desnutrición, en otras crece cada vez más la obesidad, especialmente en la infancia.

Por: Lic. Yanina Cossime*


Y cuando hablamos de obesidad infantil no estamos hablando solamente de estética.

Estamos hablando de una condición que impacta en la salud integral de una persona. Aumenta el riesgo de distintas enfermedades físicas, pero también tiene consecuencias emocionales y sociales que pueden acompañar a los chicos durante muchos años.


El rol de la dinámica familiar en los hábitos alimentarios

En este punto aparece una pregunta importante: ¿qué lugar ocupa la familia en todo esto?

Cada vez más estudios comienzan a observar algo que para quienes trabajamos con familias no resulta tan sorprendente: la forma en que funciona una familia tiene relación con la manera en que los chicos se vinculan con la comida.

No se trata de buscar culpables. Nadie se equivoca a propósito. Pero sí es importante reconocer que la familia es uno de los primeros espacios donde se aprende a vivir, a relacionarse y también a comer.

En la vida cotidiana la comida muchas veces queda cargada de significados. A veces se transforma en premio. Otras veces en castigo. En algunas situaciones aparece como consuelo frente a una emoción que no sabemos cómo tramitar.

Entonces aparece una pregunta que vale la pena hacernos: ¿qué estamos intentando llenar cuando comemos de más?

En muchas familias, detrás de ciertos hábitos alimentarios, pueden existir ausencias, conflictos o dinámicas donde los chicos quedan demasiado solos. No necesariamente porque los padres no amen a sus hijos, sino porque las corridas de la vida, los problemas o las propias dificultades familiares terminan generando espacios vacíos.

Y esos vacíos a veces se intentan llenar con comida.


Pantallas y ultraprocesados: El desafío de la presencia real

No es extraño ver a chicos frente al televisor, con una olla de pochoclos o algún snack, comiendo casi sin darse cuenta de cuánto están comiendo. No registran el hambre ni la saciedad. Simplemente comen mientras la pantalla ocupa el centro de la escena.

En esas situaciones muchas veces lo que falta no es comida. Lo que falta es presencia.

Hoy vivimos además en un contexto cultural donde todo parece empujarnos al consumo permanente. Los alimentos ultraprocesados ocupan gran parte de las góndolas y están diseñados para que queramos seguir comiendo incluso cuando ya estamos llenos.

A eso se suma algo que atraviesa a muchas familias: nuevas formas de adicción. Pantallas, videojuegos, redes sociales, comida. Todo parece competir por nuestra atención.

Por eso la tarea de educar también pasa por ayudar a los chicos a desarrollar algo fundamental: la capacidad de elegir.

Elegir qué comer, cuándo comer y por qué hacerlo.


Educar en la voluntad: El autogobierno frente a la satisfacción inmediata

Pero también aprender algo que resulta clave para la vida adulta: postergar la satisfacción inmediata. No todo lo que queremos ahora necesariamente nos conviene en el largo plazo. Ese aprendizaje cotidiano, que puede parecer pequeño, está profundamente ligado a la construcción de un proyecto de vida.

Porque cuando un chico aprende a tomar decisiones sobre su propio cuidado también está aprendiendo algo más profundo: a gobernarse a sí mismo.

En medio de una cultura que empuja a consumir cada vez más, el papel de la familia se vuelve todavía más importante.

Muchas veces los chicos dicen que quieren ir a comer hamburguesas o salir a algún lugar. Pero cuando uno conversa un poco más con ellos aparece otra cosa: lo que realmente buscan es encontrarse, compartir tiempo, sentirse parte de algo.

La comida termina siendo, simplemente, la excusa.

Por eso, aunque los protagonistas sean los chicos, en el centro seguimos estando los adultos.

Somos nosotros quienes generamos hábitos, proponemos alternativas y abrimos espacios de encuentro.

Y muchas veces el gesto más importante no está en lo que ponemos en el plato, sino en lo que ofrecemos alrededor de la mesa.

Porque la relación con la comida, como tantas otras cosas importantes en la vida, también se aprende en familia. 

* Yanina Cossime es esposa, madre, Lic. en Orientación Familiar, profesora, maestrando en Intervención en Poblaciones Vulnerables, profesora, operadora socio comunitaria, diplomada en prevención y tratamiento de la violencia y en educación sexual.

📩 yaninacossime@gmail.com 
🌐 Facebookhttps://www.facebook.com/yaninacossime 
🌐 Instagramhttps://www.instagram.com/cossimeyanina 

Tags: Obesidad infantil ⎪ Comida ⎪ Trastorno alimenticio ⎪ Alimentación ⎪ Vacío emocional.
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